Simbología del Mandala

Independientemente de la cultura o religión, los Mandalas simbolizan el encuentro de lo humano con lo divino, simbolizan las fuerzas universales, del cielo, de la tierra, del agua, del fuego. Representan aquellas verdades divinas, sobre las cuales los hindúes, los taoístas, los cristianos, los sufíes, los budistas y tantas otras culturas milenarias se hallan en total acuerdo. Algo que nos habla de verdades universales y de significados últimos, algo que toca la esencia fundamental de la condición humana.

Nuestros ancestros se dedicaban a la investigación de las estaciones del año, de las repeticiones, de los ciclos, de los períodos fértiles, del día y de la noche, así como la marea creciente y la marea entrante y los ciclos de la Luna, de la astrología, de las estaciones del año, etc. El círculo se convierte así en un símbolo religioso esencial. Estas verdades de naturaleza universal constituyen el legado de la experiencia de la humanidad, y que en todo tiempo y lugar han llegado a un acuerdo sobre verdades referidas a la condición humana y su relación con lo divino. En toda cultura, religión y filosofía llevan la búsqueda espiritual apunta al conocimiento de sí mismo, y al encuentro con nuestro yo profundo, donde se encuentra la verdad. El conocimiento de “si mismo” requiere de un prolongado viaje al interior.Para muchas personas a menudo las prácticas espirituales están tildadas muchas veces de esotéricas, pero para nada cierto, fue Carl Jung, quien descubrió el rol reequilibrarte de estas imágenes soñadas o creadas espontáneamente por pacientes en vías de curación El centro o punto original del Mandala en todas las culturas se refiere a que en las profundidades del alma se encuentra a Dios, como al Único, al Original, al Misterioso, el Metafísico, el centro de toda naturaleza, como se quiera llamar es ahí donde se produce el encuentro con lo divino.

Al igual que el cuerpo humano produce universalmente pelo y que la mente produce universalmente ideas, el espíritu humano también produce universalmente símbolos. Donde las estructuras mentales profundas son extraordinariamente similares. Jung constató su presencia en numerosas personas que los dibujaban espontáneamente, sin haber tenido ningún conocimiento sistemático previo. Este descubrimiento permitió a Jung descubrir en el mandala el germen de la sanación psíquica, o por lo menos una fértil vía de exploración terapéutica, en la medida en que esta pasa por la búsqueda de la totalidad o conciliación de los opuestos; una conciliación que no puede consistir en una asunción racional de los mismos y que guarda, por consiguiente, una estrecha analogía con el curso circular del tao y su intento por reconciliar unitariamente vida y conciencia.

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