Niños

Comportamientos como el estrés, la ansiedad, el miedo son emociones cada vez más frecuentes en los niños que se enfrentan a información y problemas valóricos que antes no existían. El acceso por Internet produce que los niños tengan que manejar en su comprensión lo que escuchan, ven y sienten cada día. Los mandalas son una solución a esa adversidad.

Con la utilización de mandalas, se manifiesta un cambio interno en los comportamientos dando la posibilidad de expresar aquello que no podemos verbalmente. Por ello, el uso de mandalas favorece a la armonización de las emociones logrando una mayor concentración, al no requerir ninguna disciplina, el niño se siente en libertad, utilizando los colores según su percepción y la combinación de éstos estimulan las redes neuronales que a veces permanecen dormidas formando valores.
Los mandalas ayudan a:

Descubrir su creatividad.
Descubrirse a sí mismo y la realidad que los rodea.
Vencer la rutina y al estrés.
Ganar en confianza y seguridad.
Trabajar en meditación activa.
Expresarse mejor con el mundo exterior.
Contactarlo con su esencia.
Despertar los sentidos.
Descubrir sus emociones.
Desarrollar la paciencia.
Desarrollar la creatividad.
Y sobre todo a desarrollar su espíritu.


La importancia de los valores

Los valores comienzan a adquirirse desde la infancia, por medio de la información que nos dan los miembros de una sociedad. Para el niño se hacen realidad en la medida que los comprende y reflexiona acerca de ellos cuanto significan algo para él por medio de las emociones.

Su comportamiento es influido por los valores adquiridos y es por esto la importancia de los mandalas como herramienta. Estos son los estímulos generadores de toda actividad humana, son los reguladores de su conducta y actitud, desarrollan la capacidad de conducir sus emociones en bien de ellos y de los demás.

Daniel Goleman define Inteligencia emocional como "la capacidad de canalizar las emociones, de saber usar un sentimiento adecuado para cada problema que nos plantea la experiencia".
Los niños que reciben una alfabetización emocional con mandalas mejoran sus vínculos consigo mismo, con el otro y con lo otro, se equilibran y comportan, aprenden con más facilidad y llegan a cumplir más eficazmente y con valor sus papeles en la vida.

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